E.C.M. EN TERAPIA REGRESIVA

tunel

EXPERIENCIAS CERCANAS A LA MUERTE.

Son experiencias que presentan numerosos pacientes que, tras pasar por una situación de muerte clínica incluso con EEG plano, vienen relatando haber estado en lugares de difícil descripción, debido a la dificultad que presentan para encontrar las palabras adecuadas que le permitan hacerlo, pero coincidiendo en la mayoría de las situaciones vividas durante el tiempo que han permanecido en muerte clínica y en coma.

Todos coinciden en la gran sensación de Amor y Paz que han sentido, allí donde han estado. También relatan encuentros con seres de luz entre los que reconocen a familiares y amigos que ya han pasado por el tránsito de la muerte, así como también cuentan haber visto su cuerpo físico cuando le estaban reanimando y haber experimentado como, cuando están fuera de su cuerpo tienen ausencia total de dolor y la sensación de ausencia de tiempo y espacio.

Un gran número de estas personas guardan silencio sobre la experiencia que han tenido, hasta que descubren que no son los únicos a los que le ha sucedido y encuentran a interlocutores válidos, o lo que es lo mismo, personas que o bien han pasado por una experiencia similar o personas que se dedican al estudio e investigación de estos casos entendiendo y comprendiendo, así como aceptando como veraz lo que el paciente les está relatando. En cambio, otros deciden guardar silencio cuando después de intentar contar esta experiencia que para ellos es una auténtica realidad, se encuentran con la respuesta inmediata de las personas que le rodean aconsejándoles que lo olviden y se tranquilicen ya que todo lo que él cuenta no es más que fruto de una alucinación. 

Aun así, en el momento actual, se cuentan por millones la cantidad de casos de personas que relatan haber tenido una experiencia cercana a la muerte (ECM) y la gran mayoría de ellos han sido registrados en personas que lo cuentan tiempo después de haber estado en el hospital. Porque cuando desperté en el hospital no encontré a quien contarle lo que me había pasado – dicen unos -, o cuando empecé a contar lo sucedido me dijeron que no me preocupara y no hiciera caso porque se trataba de simples alucinaciones – dicen otros -.

En el momento actual, la ciencia no ha podido demostrar el mecanismo por el cual se produce la alucinación, por lo que todas las personas que hacen uso de esta afirmación para calificar estas experiencias que cuentan este tipo de pacientes, no están utilizando una afirmación científica para ello.

Hay una gran mayoría de profesionales sanitarios que etiquetan como alucinaciones a este tipo de experiencias, restando importancia y no prestando atención al relato que estos pacientes intentan comunicarles, lo que considero un gran error ya que, aunque sean consideradas como alucinaciones, deberían quedar reflejadas en el historial del paciente, así como también en los informes de alta, lo que nos llevaría a un aumento exponencial en el número de casos registrados y, de esta manera, a plantearnos la realización de un estudio serio sobre este tipo de experiencias a nivel mundial.

Pero, aunque ese momento aún no ha llegado, es de admirar la decisión de numerosos investigadores que vienen publicando los estudios que han realizado y están realizando sobre este tipo de experiencias poniéndolas a nuestro alcance en numerosos libros como “Vida después de la vida” del Dr. Raymond Moody, “Yo vi la luz” del Dr. Enrique Vila López, “Consciencia más allá de la vida” del Dr. Pim Van Lommel, “La prueba del cielo” del Dr. Eben Alexander, “La última puerta” del Dr. Miguel Ángel Pertierra, “La muerte un amanecer” de la Dra. Elisabeth Kübler Ross, “El arte de morir” del Dr. Peter Fewick, “Experiencias cercanas a la muerte” de la enfermera Penny Sartori así como también, los resultados obtenidos por el Dr. Sam Parnia en el estudio Aware realizado en quince hospitales ubicados en Reino Unido, Europa y Estados Unidos.

Las personas que han experimentado una E.C.M. suelen presentar un cambio de paradigma en sus vidas, dando un giro a sus planteamientos y a la lista de preferencias que antes tenían, basándose en la afirmación y el convencimiento de que, a través de su experiencia, han podido acceder al conocimiento de  que  somos seres espirituales viviendo experiencias en cuerpo físicos lo que les lleva a dar importancia a cosas y comportamientos a los que antes no les daban importancia así como también, restarle importancia a muchos deseos y actitudes que antes eran importantes en su vida.

Prestando atención al relato de estas experiencias, y en la espera de que la ciencia las demuestre, es fácil llegar a la conclusión de que la muerte es solo un proceso a través del cual nos desprendemos del cuerpo y volvemos al plano espiritual.

Con la tenencia de este conocimiento, sería sustancial el cambio que podríamos experimentar en nuestra actitud al afrontar la muerte de un ser querido, sabiéndolo escuchar y entendiendo lo que nos dice, ayudándole a solventar las dudas que se le presenten y, sobre todo, animándole a hacer un tránsito en paz y a marcharse con esos familiares que con anterioridad nos decía que estaba viendo y ha estado conversando.

Con este conocimiento la labor de los profesionales sanitarios sería absolutamente maravillosa, porque llega un momento en el que el enfermo terminal sabe que se va a morir sin necesidad de que nadie se lo diga, a la vez que sus familiares están debatiéndose internamente ante la duda de si han hecho por él todo lo que deberían de haber hecho.

Y es en ese momento cuando el médico o la enfermería poseedores del conocimiento del proceso de la muerte pueden mantener una conversación coherente con ese enfermo terminal, en presencia de sus familiares, dando credibilidad a esa realidad que él está viviendo y en la que dice estar observando una Luz, o seres de Luz y entre los que está reconociendo y conversando con familiares o amigos que le han antecedido en el proceso de la muerte. Y si la situación del enfermo indica tener que hacer sedación, llevarla a cabo con su consentimiento y teniendo claro que, a partir de ese momento, hay que permanecer junto a él hablándole de forma constante, para ayudarle a que haga un tránsito con la máxima tranquilidad y sin miedo.